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Vicios ocultos - Pablo

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  • -¡Hola perrito! Vaya se te ha caído tu colita y quieres que te la coloque.

    Aceleré el paso cuando vi a Ivon tirando del brazo de Asier, intentando que éste le siguiera a la fuerza. Salía en ese momento de una tutoría con el profesor de física, señor Beltrán, y no estaba de muy buen humor después de recibir sus quejas. El pasillo estaba desierto aparte de aquellos dos.

    Al ver la cara mojada de lágrimas de Asier sujeté por el hombro a Ivon tirando de él para que soltara su presa.

    -¿Qué haces? ¡Joder! Deja en paz al chaval.

    Se soltó con brusquedad de mi agarre y me tiró al suelo de un golpe en el pecho.

    -¡Ocúpate de tus cosas!  -gritó rabioso lanzándome una patada que me rozó la mejilla.

    Aunque estaba en un curso superior no me iba a dejar pegar sin responderle, no es más fuerte ni alto que yo y sujeté su pié tirando y lanzándole al suelo, nos enzarzamos en una pelea de puñetazos hasta que sentí que alguien tiraba de mi para apartarnos.

    -¡Estáis locos os van a expulsar si os ve algún profesor!

    Arturo me sujetaba y pude ver que Abel ayudaba a Ivon a levantarse del suelo.

    -¡Me las pagarás!, y no te vuelvas a meter en mis asuntos.  -el chico tenía sangre en la cara y no me dio tiempo a ver más porque se volvió para ir hacia las escaleras y subir a su clase en el piso superior.

    -Hemos llegado a tiempo, antes de que os matarais. -Abel lanzó una carcajada.

    -Se lo merecía el cabrón por mal bicho. -añadió a la  vez que se inclinaba para recoger un cuaderno del suelo.

    -Tienes que lavarte, también has recibido un buen golpe.  -Arturo me inspeccionaba la cara mientras yo buscaba la figura de Asier que no veía por parte alguna.

    Me dejaron en la puerta de los aseos y ellos se encaminaron a nuestra aula.  Me miré en el espejo, y sí, tenía un ligero golpe en el labio del que manaban algunas gotas de sangre. Me lavé la cara y en ese momento se abrió uno de los wáters. Miré sobresaltado porque pensé que estaba solo.

    Asier salía con la cara blanca como los azulejos de los aseos, más bien como un cadáver y se quedó quieto en la puerta sorprendido al verme, luego avanzó sin hablar, retirado de mi, intentando escapar al pasillo. Me volví con rapidez y lo atrapé contra la pared sin tocarle, con cada uno de mis brazos a cada lado de su cuerpo e intentó agacharse y salir de la cárcel en la que lo tenía encerrado.

    -¡Eh! ¡Qué soy yo!  -sujeté con la mano derecha su barbilla para que elevara la cara y me mirara.  Las esmeraldas que eran sus ojos no dejaban de asombrarme y ahora me miraban asustados.

    -Tendrás que contarme un día lo que te pasa con ese.  -sus labios temblaban y se abrieron para susurrar un -¡gracias!- apenas audible.

    -¡Por favor! Déjame ir.  -le sujeté con fuerza de los hombros y lo sacudí, me daba rabia su pasividad y mansedumbre.

    Elevó la cara para mirarme y pude ver el terror reflejado en sus bellísimos ojos.

    -¡Perdona, perdona!  No voy a hacerte daño. Soy tu amigo.  -o al menos antes lo era.

    -Solo quiero que hablemos, como hacíamos de pequeños, ¿recuerdas?  -bajó la cabeza dejándome ver los dorados hilos entre el cobre de su pelo, lo sentía temblar bajo mis manos y despacio fui aflojando la presión.

    Sin mirarme caminó hasta la puerta y la abrió, antes de que la traspasara pude gritarle con rabia.

    -Continúo siendo tu amigo y siempre lo seré, -aunque tu no quieras-. -añadí en un tono más bajo porque la puerta se había cerrado con un sordo golpe a sus espaldas

    Me miré detenidamente en el espejo y vi mis ojos mostrando el enfado que sentía. No podía verlo sufrir y cada día lo notaba que estaba peor y desmejorando a simple vista. ¿Cómo no se podía dar cuenta su madre?

    ———————-

    Justamente tocaba la clase de física y el señor Beltrán me miró con desaprobación al verme llegar tarde, le dirigí un gesto de disculpa sin hablar y me fui hacia mi asiento.

    Fer, mi compañero, me miraba divertido y cuando me senté me habló en voz baja.

    -Has estado metido en peleas.  -al principio pensé que lo decía por el pequeño rasguño y me  llevé la mano a la cara, enseguida supe que habría hablado con Arturo o Abel, posiblemente con los dos cuando los enfoque en sus asientos al lado de Asier, no le presté atención para que el profesor no terminara de enfadarse.

    Pasaron las horas y las sucesivas clases, sin más novedades hasta la última de la tarde.  Fer colocó la mano sobre mi pierna izquierda apretándola.

    -¿Vienes un rato a mi casa?, hoy es viernes y podemos divertirnos un poco.  -le miré dudando, me apetecía jugar con él pero odiaba encontrarme con su primo y además tenía que estudiar la física o no aprobaría.

    Fer pareció adivinar mi pensamiento como si me leyera por dentro.

    -Carlos marcha donde mi abuela al salir de la Uní, pasará allí el fin de semana y no estará en casa.  -eso ya era otra cosa, ahora faltaba que mi madre me lo permitiera, el profesor Beltran me había dicho que había hablado con ella.

    ———————-

    Cuando salimos de clase pude ver a Aida con algunas de sus amigas y acompañada de Gustavo que no perdía la oportunidad para estar a su lado. Rogué para que no se diera la vuelta y me viera, aunque seguro que tendría alguna llamada de ella durante el fin de semana.

    Me dirigí al aparcamiento seguido de cerca por Fer, hasta el auto de mamá que nos esperaba fuera de su coche, los chicos la miraban, algunos de mis amigos también. Reconozco, aunque me molestara algunas veces, que si no fuera su hijo la vería de igual manera.

    Unos metros hacia la izquierda Asier entraba en el coche de aquel tipo, el presumido y terriblemente sensual hombre que vivía ahora con su mamá, y por lo tanto con él. La melena, en forma de casco, le cubría el rostro y no pude mirarle la cara, solo aprecie la mirada lujuriosa del bien peinado sujeto al abrirle la puerta para que penetrara en su automóvil. Daría un brazo de mi cuerpo por saber lo que pasaba con mi amigo y en que problemas se encontraba.

    El saludo de mamá con Fer me trajo a este mundo de nuevo.

    -Fer, cariño…, ¿te llevamos?  -la miré condescendiente, si era lo que hacíamos casi todos los días…

    -¡Hola, mama de Pablo! Estás hoy más guapa que otras veces.  -mamá dejó escapar su cantarina risa, se dejaba adular por un chico de la edad de su hijo.

    -¡Ohh, cari!, tu sabes tratar a las chicas y no este hijo que tengo.  -desde luego mamá era muy ligera de cascos, pero a mi me gustaba que fuera si, dispuesta siempre a escucharnos y disimular que se preocupaba por nuestras cosas, y a la que mis amigos adoraban aunque se hicieran pajas pensando en ella.

    -Belén, -así se llama mamá- dejarás que Pablo me acompañe el fin de semana, estoy solo con mis hermanos.  -mamá explotó en risas.

    -Los recogemos y os venís con nosotros, no me importa tener niños tan adorables.

    -Gracias Belén, pero Javier esta en la cama y no podrá ser esta vez.  -entonces mamá se puso seria.

    -Pablo tiene que estudiar, uno de vuestros profesores me ha llamado para darme un toque de atención.

    -¡Por fa!, déjale pasar esta noche, yo te lo entrego el sábado, lo acompañaré para que no se pierda. -parecía que dudaba pero yo sabía que le consentiría a Fer su capricho y éste también lo sabía.

    -Vale, conforme, pero mañana tiene que estar en casa para el mediodía.  -mi amigo por conseguir lo que deseaba empleaba todas sus artes de seducción con mi madre y conseguía de ella lo que para mi era más difícil.

    Ibamos por la enorme Avenida que nos dirigía directo hacia el lago situado a la derecha, detrás de las propiedades. Desfilaban ante mis ojos las enormes mansiones, algunas ocultas entre el arbolado de las que apenas se veían sus fachadas o torreones más altos. Pasamos nuestra casa para llegar a la más impresionante de todas, la que pertenecía desde tiempo inmemorial, o desde siempre, a la familia de Fernando. Una de las pocas antiguas que había. La nuestra era relativamente moderna. Al otro lado de la Avenida también las había pero más modestas comparando ambos márgenes.

    Mamá detuvo el coche delante de la gran verja de hierro y sin bajarse liberó las puertas para que saliéramos. Dejé la mochila y me acerque para entregarla un beso.

    -Portaros bien, no quiero que Úrsula tengo queja de vosotros y saludar a los niños, no me puedo entretener para verlos.  -se alejó a poca velocidad hacia nuestra casa que estaba cerca. Al otro lado de la calle miré la bonita casa un poco más abajo, donde vivió Asier con sus padres, eran otros tiempos, quizás más felices o inocentes.

    Atravesamos el parque hasta llegar a la casa, en el porche nos espera Úrsula vestida de negro impoluto como siempre, con una chica uniformada que miraba con timidez a su lado. Úrsula me observó intensamente pero no vi desagrado en su mirada.

    -Lara preparara la merienda para los señores y el joven Joaquín.

    -Por nosotros no te preocupes, no tenemos hambre.  -Fer hablaba por él, a mi no me hubiera importado merendar mientras hablaba con su hermano con el que me encantaba discutir, a pesar de la diferencia de edad razonaba como una persona mayor.

    Pensé que mamá conocía muy poco de la vida en la casa de Fer, Úrsula nunca diría algo de lo que sucediera muros adentro de aquella lujosa y antigua residencia, ni aunque hubiera un crimen la policía lograría que hablara si antes sus amos no se lo ordenaban.

    Úrsula era una institución para aquella familia, primero en la casa principal de la capital de provincia donde vivía la abuela y luego en esta casa donde la trasladaron hacía ya algunos años, cuando falleció el abuelo de Fer. Me dijo que su abuela no quería tenerla allí, que no era necesaria si ya no tenía que cuidar al señor.

    -Están ustedes solos arriba con los niños, Julián ha marchado con su primo por orden de la señora su abuela, dígale a Joaquín que baje para su merienda. -Julián era el hijo de Úrsula y por alguna razón que yo desconocía vivía con ella ahora que había terminado sus estudios, era amigo de Carlos el primo de Fer y muy próximo a él, o yo así lo veía.

    Fer se detuvo antes de comenzar a subir la escalera y se volvió algo inseguro al hablar.

    -¿Javier?

    -El niño se encuentra mejor y le ha bajado la fiebre, no tiene que preocuparse.  -sabía que estaba preocupado, él había sido el culpable al estar jugando con sus hermanos bajo la lluvia en el embarcadero, logrando que el pequeño cogiera un resfriado o quizá pulmonía.

    La música sonaba muy alta en le pasillo, Tin, así llamaban a Joaquín su hermano de ocho años, tenía la televisión muy alta con un programa de videoclips musicales y no se enteró de que estábamos observándole. Apagó el aparato cuando miró ante el carraspeo de su hermano y tiró el mando a un lado sobre la cama.

    -¡Pablo!  -gritó corriendo hacia mi y saltando a mi cuello.  -los hermanos de Fer son como si lo fueran míos también, yo los adoraba y ellos no se quedaban rezagados.

    -¡Suéltame ya! No soy tu novia.  -le había cogido en brazos y no cesaba de besarme la cara.

    -Tin, tienes que bajar, Úrsula te llama.

    -Quiero jugar con Pablo.  -me abrazaba del cuello muy fuerte.

    -Pablo ha venido a hacer un trabajo del colegio, ve a merendar y déjanos trabajar, tenías que estar en la cama con Javier, ¿no decías que tu también estabas enfermo?  -lo fui soltando para que bajara de mi regazo.

    -¿Jugaremos luego?

    -Cuando terminemos lo que tenemos que hacer te llamamos, ahora ya sabes que no me gusta que nos molestes.

    La habitación de Javi estaba más adelante y tenía las cortinas cerradas dejando en penumbras la habitación. Nos acercamos hasta su cama donde su cuerpecito se perdía en la inmensidad de la tela. En aquella casa todo era de tamaño gigantesco. Me incliné para pasar la mano por su carita caliente, el pequeño Javier estaba somnoliento aún por la fiebre y solamente giró la cabecita colocándola de costado.

    Salimos sigilosos avanzando por el pasillo hasta llegar a la habitación de Fer, era la tercera puerta en el solitario pasillo y luego estaba la de Carlos el primo de ellos.

    Al momento de estar solos Fer tiró la mochila al suelo, y se elevó sobre la punta de los pies para abrazarme el cuello y unir los labios con los míos en un larguísimo beso interrumpido solo para respirar.

    -¡Qué ganas tenía de que quedaremos solos!, tengo que prepararme, te dejo un momento.  -hubiera preferido continuar con los besos antes de que sucediera lo que tuviera que ser, pero él quería jugar y ese era el plan.

    Se desplazó rápidamente hacia su baño quitándose las ropas en el camino, la corbata del uniforme voló cayendo sobre una silla y le siguió la chaqueta, no vi más porque traspasó la puerta y unos segundos después escuchaba correr el agua.

    La ventana central tenía corridas las cortinas y me acerqué para ver los reflejos del poniente sol en el horizonte del lago, el otro lado del agua era propiedad de la ciudad, donde a veces se veían hogueras en las noche, de la gente que acampaba en el lugar. 

    Esta parte del lago era particular, propiedad de las residencias señoriales. Fui deslizando la mirada por la pradera y las copas de los árboles que bajaba desde la casa hasta el embarcadero propiedad de la familia de Fer, el velero de su padre no se movía apenas sobre la dorada lámina de agua, un par de pequeñas embarcaciones a su lado le hacían guardia. El pequeño pabellón de al lado permanecía cerrado, donde guardaban las piraguas y kayacs con los que practicaban en los anocheceres, también la moto de agua que utilizaba su padre. Joaquín, que allí tenía su vivienda no estaba en este momento como nos había dicho Úrsula.

    Cuando escuché el clic del seguro de la puerta no me volví ni moví la cabeza hasta que noté un cuerpo que se pegaba con mi pierna frotándose contra ella, bajé la mirada esperando encontrar lo que allí estaba. 

    Sentado sobre sus cuartos traseros, con los brazos sobre el pecho, completamente desnudo permanecía Fer. Sus hermosos y sumisos ojos esperaban la caricia de su amo, ansioso de que le prestara atención y sosteniendo entre sus dientes la cola de plástico que esperaba le pusiera en su lugar.

    -¡Hola perrito! Vaya se te ha caído tu colita y quieres que te la coloque.  -abrió la boca dejando caer el plug anal que traía, con forma de cola en un extremo y cónica en el otro. Elevó un poco las rodillas del suelo y movió alegre las caderas.

    -¡Wauff! ¡Wauff!  -sonó a ladrido de perrito faldero.

    -Recoge tu colita y sube a la cama para que te la coloque, ¿no querrás que se agache tu amo.  -la recogió con la boca y caminó a cuatro patas hasta el borde de la cama moviendo sensualmente las caderas al andar. La piel, blanca como la nieve, se volvía dorada por el reflejo del sol en las nubes rojas, tenía un culito pequeño y precioso, escaso de carne que permitía ver el anillo de su ano más moreno.

    Subió sobre la cama hundiendo la cabeza y el pecho sobre la colcha, elevando las nalgas que se abrieron dejando libre y a la vista toda la raja y el ano.

    -¡Wauff! ¡Wauff!  -volvía a ladrar moviendo suavemente las posaderas con su colita a su lado.

    -¡Ya voy perrito malo! No quiero que pierdas tu cola, ahora te la voy a meter y ten cuidado con ella.

    La sujeté y miré la entrada del ano, temblé al pensar el daño que le causaría y que para él resultaría placer.

    -¡Giuu! ¡Giuu! -gruñía lastimero e impaciente moviendo el culo y comenzando a cerrar y abrir el ano para recibir en él su cola. Apoyé el extremo más delgado del plug y empujé notando como el cerco del ano se abría metiéndose a la vez que iba penetrando el plug. Empujé con fuerza para terminar de una vez y el cono se incrustó en su cuerpo, tembló un segundo y se inclinó pegando más aun el pecho en la cama en señal de sumisión absoluta.

    Indudablemente Carlos lo tenía muy bien domesticado, su amo principal gozaba con esos experimentos y que a mi me dejaban indiferente, prefería follarle el culo con mi verga en lugar de practicar esos juegos que a mi amigo hacían tan feliz.

    -¡Wauff! ¡Wauff! -ladró contento cuando giré la cola dentro de su culo para colocarla hacia arriba. Azoté cariñosamente, aunque con fuerza su nalga y él me lo agradeció colocándose sentado y sacando la lengua para lamerme la mano.

    Me senté en un sillón de brazos cerca de la ventana y observé como Fer cogía con la boca una pelota de jugar al tenis, dúctil con si fuera de esponja, y la trajo para dejarla a mi lado, luego volvió al armario para recoger la regla de grueso y oscuro cuero entre los dientes y la trajo hasta donde me encontraba.

    Se sentó sobre las nalgas y colocó las manos sobre el pecho mirándome para que iniciara el juego, recogí la pelota y la lancé al aire lejos de él. El juego consistía en que debía cogerla con la boca antes de que tocara el suelo, si no hacía su labor como se esperaba recibía el castigo que su amo le impusiera.

    Como era de esperar la pelota tocó el suelo antes de que él llegara a cogerla y gruño satisfecho al ver que fallaba, me la trajo de nuevo y la retiré de su boca.

    -Eres un perrito torpe y voy a castigarte como te mereces. -entonces utilicé la banda de cuero en forma de regla y la descargué con fuerza sobre sus nalgas. Apareció al momento la marca roja del golpe y Fer no se retiró, estimaba que el castigo no era suficiente para penalizarle como se merecía y volví a repetir el golpe.

    El juego se repetía constantemente hasta que sus nalgas y muslos estuvieron totalmente rojos y a punto de sangrar, el placer para Fer resultaba ostensible, su pene estaba endurecido y comenzaba a salirle el precun por lo excitado que estaba.  Dejó la pelota en el suelo sin entregármela como otras veces y arrastró el abdomen por mi zapato hasta llegar a frotarse la verga para entonces muy hinchada.

    -Me estás ensuciando el zapato y mereces un castigo mayor.  -Fer movía contento las caderas haciendo que la cola de plástico se empinara. Los golpes en ese momento fueron constantes y certeros sobre sus glúteos, y cuanto más fuere eran él los gozaba más y más frotando su polla contra mi pie calzado.

    -Ahora puedes hacer tu trabajo.  -dejé la regla a un costado y me resbalé sobre el asiento para quedar en el borde con las piernas abiertas, él se colocó para continuar rozando el pene con mi pie y bajó la cremallera de mi pantalón, metió la mano y por encima de la cinturilla del slip sacó mi verga y los bajó hasta conseguir tener también los huevos fuera.

    Resultaba el ritual de siempre y se introdujo por completo mi pene en la boca comenzando a chupar como desesperado, lamiendo y chupando para volver a tragarla logrando que comenzara a crecer hasta llenarle la boca.

    Ya la tenía completamente rígida, Fer resultaba un fantástico mamador de verga, lograba tragarla entera sin sentir alguna molestia, y además no me preocupaba, mi verga resultaba unos centímetros más corta que la de Carlos y ésta la aguantaba sin algún problema.

    A la vez que chupaba sin parar arrastraba su polla sobre el zapato y lograba ver, cuando abría mis ojos, los gestos de obsceno disfrute que la situación humillante le producía. De pronto comenzó a temblar moviendo el costillar y empujado las caderas hasta que en un segundo comenzó a eyacular regando el semen por el suelo.

    Me había dejado a la puerta de mi orgasmo y le sujeté de los negros rizos del pelo para atraerlo y y meterle la polla hasta el fondo de la garganta donde comencé a vaciarme los huevos.

    Cuando me repuse le acaricié la cabeza y permití que sacara el pene de la boca, y con inmensa mansedumbre pasaba la lengua recogiendo cualquier atisbo de semen que hubiera en el falo y los huevos. Una vez limpio todo lo devolvió debajo del slip y pantalón cerrando la cremallera, y empezó a limpiar su propio semen que había en el suelo y sobre mi zapato.

    ———————-

    Miré mi imagen en el espejo del baño, tenía el pelo alborotado y la corbata torcida, peiné la rebeldía de mis cabellos y enderecé la corbata, Fer entraba en ese momento vestido con un holgado pantalón y chaqueta de andar por casa, me retiré para que usara el lavabo y comenzó a lavarse la boca.

    Le observaba y me parecía inverosímil que aquel guapo y delicado muchacho se hubiera comportado unos momentos antes como un propio cachorro de perro, bien entrenado y dócil a las órdenes de su amo.

    -Después continuaremos con nuestra fiesta. -me abrazó el cuello y me obligó a que bajara la cabeza para recibir su beso.

    -Ahora vamos a recoger a tus hermanos para bajar a cenar y que Úrsula no se enfade, y después seguiremos la fiesta pero será con mis normas.

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