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Cuando mi prima descubrió mis relatos eróticos

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  • El escote que su pijama me enseñaba y sus muslos tan perfectos y morenos estaban haciendo que mi polla sintiera los primeros cosquilleos previos a una erección y su culo estaba sentado en la parte baja de mi tripa

    Desperté con los rayos de sol que entraban a través de mi persiana. Moví la cabeza hacia un lado y quise llevarme una mano a los ojos para frotármelos pero mi mano se quedó bloqueada. Lo intenté de nuevo pero no había manera de moverla. Mire hacia arriba y mi vi mano esposada al cabecero de la cama. En ese momento me despeje de golpe.

    Gire mi cabeza y vi que mi otra mano también estaba atada al cabecero. Levanté la cabeza y vi que mis pies también estaban atados a las patas de la cama. Cada uno a una pata formando mi cuerpo una especie de equis. Me vi tapado por una única sabana y por lo que podía notar yo estaba desnudo bajo ella.

    Me acojoné. Mire a mi alrededor pero esa era mi habitación. Estaba en mi casa. No entendía nada. ¿Habían entrado a robarme y me habían atado? Tenía que ser algo así. Intenté hacer memoria de la noche anterior… Estuve cenando en casa con mi prima Marta y después… no recordaba nada más.

    Agité mis brazos haciendo que el cabecero chocara contra la pared y retumbara en toda la casa.

    —¡Marta! ¡Marta!— Grité.

    No oí nada. Temí por ella y volví a gritar su nombre. Al cabo de un minuto la puerta de mi habitación se abrió y mi prima entró en ella.

    —Buenos días bello durmiente.

    —Suéltame, suéltame rápido.

    Marta camino hasta la silla de mi escritorio, se sentó en ella apoyando los pies en mi cama y habló.

    —Creo que no. Estarás atado un tiempo.

    Me quedé en shock.

    —¿Qué dices? Suéltame ahora mismo.

    —¿Qué te pasa? ¿No te gusta estar atado? Pero en cambio bien que te gusta atar a las tías y violarlas ¿no?

    —¿De qué coño estás hablando? ¿Atar a quién? Violar… Que me sueltes joder.

    Marta se bajó de la silla y se subió encima de mí.

    —Te gusta atar a las chicas para luego humillarlas y violarlas. Las grabas, las sacas fotos mientras las violas, las obligas a que te obedezcan… Pero hoy estas tu atado.

    —Sigo sin saber de qué coño hablas. Yo no he hecho nada de eso…

    Marta me sujetaba la cabeza con sus manos. Estaba empezando a sentir miedo no solo por lo que ella decía, sino porque estaba sentada encima de mi y con su pijama corto… El escote que su pijama me enseñaba y sus muslos tan perfectos y morenos estaban haciendo que mi polla sintiera los primeros cosquilleos previos a una erección y su culo estaba sentado en la parte baja de mi tripa. Apreté los dedos de mis pies y de cerré los puños intentando concentrarme en no tener una erección o Marta sentiría un pinchazo sobre su culo. Era mi prima y tenía dos años más que yo, 26, pero era toda una señora mujer. Morena, alta, con unos buenos pechos y un buen culo.

    —¿No sabes de que te hablo? De tus relatos eróticos pedazo de cerdo.

    —¿Queee? ¿Qué relatos?

    —No te hagas el tonto. La última vez que viniste a mi casa te dejaste la página donde los pones abierta en el ordenador. Con tu perfil y todas tus guarradas. Los he leído todos y eres un puto cerdo y un machista.

    —Joder… Estás loca. Son putos relatos. Nada más que eso. Relatos eróticos para calentar.

    —¿Y por qué cuadran todos los datos que das de fechas y lugares con tu vida? ¿No será porque son ciertos? Eres un salido y un enfermo. Hoy te voy a devolver lo que haces en esos relatos para que veas lo que se siente.

    —¿Vas a violarme zorra? —Mi paciencia había llegado a su límite.

    —No, solo voy a hacer la parte previa, la de humillarte. Vas a desear no haber hecho eso nunca.

    —Algún día me tendrás que soltar y veras… —Amenacé

    —Te soltaré… ¿Y? ¿Qué harás? ¿Se lo vas a decir a tu mami? ¿O a la mía? ¿O me vas a atar y violarme a mí también? Te voy a tener agarrado por las pelotas.

    —Juro que te devolveré todo lo que me hagas.

    —¿Y a ellas?

    —¿A quién?

    —A mis dos amigas que están viniendo hacia aquí ¿También se lo vas a devolver? Estas jodido primito.

    Marta se bajó de mí de un salto y salió corriendo de la habitación. Volvió al cabo de un minuto con un zumo en cada mano. Colocó uno de ellos junto a mi cabeza y llevó la pajita que llevaba en él en mis labios. Ella se subió a la cama, se sentó a lo indio a mi lado y comenzó a beberse su zumo.

    La miré con odio. Ella me devolvía la mirada con una sonrisa de orgullo. Aspiré por la pajita y di un trago a aquel zumo para aliviar mi sequedad. Estaba asqueroso.

    —No te imaginas —Comenzó a decir— Lo que me costó quitarte el pijama y desnudarte mientras dormías. Tuve que coger unas tijeras y cortártelo todo para sacártelo.

    —Zorra enferma —Dije dando otro sorbo al zumo.

    —Y anda que para atarte… ¡Como pesas! —Seguía vacilándome.

    De repente se hizo la luz en mi cabeza.

    —¿Y cómo es que no me desperté? ¿No me habrás…?

    —Bueno, igual en la ensalada de ayer se me cayó un poco de roinol ¿Pero no es para tanto no?

    Escupí inmediatamente todo el zumo que tenía en la boca. Mi prima comenzó a reírse.

    —Tranquilo, que no te he echado más en el zumo. Solo te he machacado un par de pastillas de viagra, pero te prometo que no te he echado más roinol —Dijo mientras pasaba un dedo por encima de la sabana desde mi cuello hasta casi mi entrepierna— Voy a abrir a mis amigas que ya están aquí.

    Suponía quienes venían, las dos que siempre andaban con mi prima. Apenas había hablado dos veces con ellas en mi vida, las conocía más por las cosas que me contaba Marta que por otra cosa. La primera era Miriam, una chica bastante corriente, con unos kilitos de más pero sin llegar a ser una obesa. La segunda era Laura, una rubia que haría tartamudear a cualquiera que intentara hablar con ella, como me pasó a mí por ejemplo. Podía ser perfectamente una top-model de primera fila mundial. Guapísima de cara y con un cuerpo escultural.

    Oí como entraban y como se reían las tres a la vez mientras avanzaban por el pasillo. Marta se asomó la primera a la habitación e hizo pasar a sus amigas. Las dos con un look bastante informal, con unos vaqueros y camiseta por encima.

    —¡Ta-chán! ¡Aquí esta nuestro cabrón particular! —Me presentó Marta.

    Sus amigas contuvieron la risa como pudieron.

    —Chicas ¡soltadme por favor, mi prima está loca! —Las supliqué esperando encontrar un poco de cordura y sin embargo explotaron a carcajadas.

    Miriam se acercó a la cama, se agachó y levantó levemente la sabana que me tapaba para echar un vistazo.

    —¡Uy! ¡Si lo tienes desnudo! Jaja —Se rio.

    Laura la imitó y mis ojos se desviaron fugazmente al escote que me ofrecía agachada. Vi su sujetador blanco y a pesar de los nervios que yo tenía encima mi polla cobró vida y empezó a ponerse dura.

    Aparté la mirada, miré a las otras dos, miré al techo, cerré los ojos pero mi polla creció sin parar hasta llegar a su máximo esplendor. Se me puso tan dura que casi me dolía. Obviamente aquellas tres locas vieron mi erección bajo la sabana.

    —¡Mira, si se está poniendo cachondo! —Dijo una de ellas.

    —¡Se le ha puesto dura! —Dijo otra.

    —Claro —Afirmó mi prima— Porque es un degenerado y un enfermo. Ya os lo dije.

    —¿No será que me has vuelto a drogar? ¿Qué me has dado viagra en el zumo o algo? —Le grité a mi prima a lo que respondió con una carcajada muy aclaratoria, algo había echado.

    Y en ese momento comenzaron las humillaciones.

    Empezaron sacándome fotos a mí solo desde varios ángulos y luego se fueron sumando ellas a las fotos. Una sacaba la foto y las otras dos posaban. Luego rotaban y otra sacaba la foto. Luego pasaron a hacerse fotos con el bulto que yo mostraba a través de la sabana.

    —¿Se la quitamos ya? —Preguntó Miriam.

    —Tranquila que tenemos tiempo ¿o se la quieres ver ya? Jaja —Respondió Laura.

    Y así siguieron las bromas acerca de mi aparato.

    —No se te baja nada ¿Tan cachondo te ponemos? —Me preguntaba mi prima.

    Me bajaron la sabana hasta la altura del ombligo y con un rotulador comenzaron a escribir sobre mi cuerpo cosas que afortunadamente no podía llegar a leer. Siguieron las fotos y las bromas con mi pene. Miriam empeñada en destaparme del todo, me agarro la polla a través de la sabana para comparar su tamaño con el rotulador y por supuesto sacarse la foto de rigor.

    —A este no se le baja ni con agua fría —Dijo Laura tras ir a la cocina y volver con tres vasos en la mano.

    Hicieron un brindis, dieron un sorbo y volcaron sus vasos sobre mí. Se me erizaron los pelos de todo el cuerpo pero mi rabo no disminuyo un centímetro.

    Quise morirme. Me salían lágrimas de ira y de impotencia así que cerré los ojos y los apreté tratando de no otorgarlas el placer de verme llorando. Traté de respirar profundamente y sin ser consciente del tiempo que estuve así… deje de oírlas. Abrí los ojos con temor y no estaban. Ni siquiera las escuchaba hablar fuera de la habitación. La sabana seguía tapando mi erección.

    De repente oí la puerta abrirse y volví a la pesadilla. Sin embargo, esta vez solo entró Laura. Cerró la puerta tras ella y comenzó a desnudarse. Primero se quitó la camiseta y luego se bajó los vaqueros quedándose en ropa interior. Únicamente con el sujetador blanco que ya había visto antes y un culotte blanco también. Tenía un cuerpazo terrible. Mi polla ahora me dolía mucho más.

    —Por fin estamos solos —Me dijo— Miriam y tu prima se han ido a… dormir. Nadie nos va a molestar.

    —¿Cómo? —Pregunté perplejo.

    Laura caminó hacia mí y se subió encima de mí a la altura de mi estómago.

    —Te voy a confesar una cosa —Me dijo casi susurrando— Llevo una semana masturbándome con tus relatos. Cuando me los enseño tu prima no me dijo de quien eran y he estado toda la semana masturbándome pensando en que el hombre de esos relatos venia y me follaba como él contaba.

    Se desabrochó el sujetador y lo lanzó hacia el suelo. Sus dos preciosos pechos, redondos y firmes, quedaron a mi vista dejando mis ojos como platos. Inclinó su cuerpo, me puso una mano en la nuca y levanto mi cabeza hacia ellos. Yo abrí la boca y me enganché al pezón que ella me ofrecía. Chupaba y lamia como un bebe hambriento.

    —He estado con muchos hombres —Siguió contando— pero les impongo demasiado. La mitad se corrieron antes de empezar y la otra mitad ni se empalmo. Quiero un hombre que me deje bien follada. Quiero que me hagas sentir como a las mujeres de tus relatos... —Acercó sus labios a mi oído y me dijo en un tono casi inaudible —una puta.

    —Desátame —La ordené.

    Hizo caso omiso. De un salto de situó entre mis piernas, agarró la sabana y la tiro al suelo dejando mi polla ante ella. Se quedó con la mirada fija en ella durante diez segundos por lo menos. Yo, no sé si por el efecto de la viagra o el calentón, tenía una erección como nunca antes la había tenido. La sentía dura como nunca, casi notaba la sangre correr por las hinchadas venas de mi polla.

    —He ansiado mucho esta polla, déjame disfrutar de ella y luego seré tuya.

    La agarró por la base y se lanzó a comerla. Se la metió casi entera con el primer intento y soltó un gemido de gusto. Comenzó a devorarme la polla como si no hubiera un mañana.

    Escupió en mi capullo y siguió chupando. Subía y bajaba la cabeza a un ritmo frenético y en cuestión de segundos mis huevos estaban recubiertos de la baba que salía entre mi polla y su boca.

    Levantó su cabeza para echarse la melena hacia un lado, una melena alborotada y con las puntas mojadas de su propia saliva. Me miro con ojo de viciosa y con la lengua fuera se dio unos pollazos en ella. Volvió a escupir en mi capullo y se restregó mi polla por la cara llenándosela de su propia saliva antes de volver a metérsela en la boca y seguir chupando como una loba.

    Succionaba al subir la cabeza y dejaba caer su saliva al bajarla. Sacaba la lengua y daba enormes lametones desde abajo hasta arriba, se comía primero el capullo y luego se centraba en no dejarse un solo centímetro de mi tronco sin probar, bajaba a los huevos para besarlos y volvía a engullir mi polla a punto de explotar. Sin decir ni una palabra. Laura estaba fuera de sí.

    —Joder… Laura… Trágatela entera… Que bien lo haces joder… —Repetía yo una y otra vez entre suspiros.

    Tras un par de lametones más, Laura se puso en pie sobre la cama y se quitó el culotte frente a mí. Abierta de piernas encima mío quedo a mi vista su preciso coño rasurado, rosado y húmedo, muy húmedo. Laura dirigió su mano a su entrepierna y se metió dos dedos mostrándome su excitación. Se agachó y sujetando mi polla la apuntó hacia su caliente entrada. Utilizó mi polla como ariete y se golpeó en el clítoris con ella. Salpico mi pecho con los fluidos que salían de ella y directamente se sentó sobre mi clavándosela hasta el fondo de una sola vez. Mi polla entró con suma facilidad y al sentir sus paredes vaginales rodeándome y apretándome estuve a punto de correrme.

    —Laura Dios… Ponme un condón… Que en cualquier momento me corro…

    —No… Quiero toda tu leche… Dentro de mi…

    Y me cabalgó. Apoyó las manos sobre mis pectorales y empezó una cabalgada brutal con el único objetivo de exprimir mi polla y sacarme toda la leche. Sus tetas botaban hipnóticamente ante mí y su coño me había empapado a mí y a mi cama entera. Llevaba una hora empalmado y ahora esa diosa con la que siempre había soñado saltaba encima de mí. No tardé demasiado en correrme. Sentí como mi semen subía por mi polla e inundaba a Laura que no dejaba de botar.

    —¡Me corro! ¡Me corro! —Avisé.

    —Si… Siento tu leche… Dámela toda… —Laura puso los ojos en blanco alcanzando ella un intensísimo orgasmo— Córrete dentro, préñame, siento tu leche dios mío…

    Laura cayó encima mío agotada buscando mi boca con la suya.

    —Gracias por tu leche… —Decía mientras recuperaba el aire y me besaba por el cuello aun con mi polla en su interior— Hazme tu puta, dame tu leche, la quiero dentro de mí siempre.

    —Suéltame —Dije firmemente tratando de meterme en mi nuevo papel de dominador.

    —Voy… Voy a por las llaves —Respondió desmontándose de mi polla y saliendo de la habitación.

    Volvió al cabo de unos minutos con varios juegos de llaves y tras varias intentonas consiguió quitarme las esposas de los pies y de las manos. Me incorpore como pude ya que me dolían los brazos como si me los hubieran cortado y mis piernas estaban prácticamente dormidas. A pesar de ello, mi polla aún conservaba una buena erección. No al 100% pero si a un 70%, supongo que fruto de la viagra o lo que sea que me hubiera tomado sin querer. Estuve sentado varios minutos hasta que me encontré mejor y le pregunté a Laura por mi prima y su amiga.

    Me dio la mano y me llevo hasta ellas. Miriam estaba en la cocina, sentada con la cabeza apoyada en la mesa y dormida profundamente. Mi prima Marta estaba tirada en el sofá.

    —Las he echado en el agua unas gotas de lo que te echo tu prima ayer, pero solo una o dos a cada una, no sé si es mucho o poco… —Me explicó Laura atemorizada.

    Eché una mirada a Laura de arriba a abajo. Ni siquiera había reparado en que aún seguía desnuda.

    —Te está resbalando mi semen por las piernas. Si has leído mis relatos sabrás que no me gusta que se desperdicie ni una gota de mi leche.

    Laura bajo la cabeza y abrió las piernas para comprobarlo. Paso una mano por sus muslos y luego se la llevo a la boca.

    —Perdón —Dijo con tono de vergüenza.

    —Tranquila, me has desatado y te has portado bien. Vete al baño, coge una esponja, mójala, échale jabón y límpiame todo lo que me habéis escrito.

    Mientras iba al baño, levanté a mi prima del sofá y la lleve hasta mi cama. La desnudé tal y como ella me había hecho y la até. La tumbé boca abajo y até sus manos con una sola esposa pasándola a través de uno de los barrotes del cabecero de la cama. Coloqué dos almohadas sobre su vientre dejando su culo en pompa y con dos esposas más até sus pies a las patas de la cama. Para finalizar, la tapé la boca con un esparadrapo.

    Mi prima era mi prima y nunca me había fijado en ella, pero no si se por el odio que en ese momento la tenía, la mezcla de drogas que me había hecho tomar o que, estaba decidido a vengarme de ella. Verla allí tumbada con las piernas abiertas ofreciendo su culo y su coño hizo que mi polla volviera a empalmarse al máximo.

    Desde la puerta de la habitación Laura me observaba con la esponja en la mano, indecisa sin saber si interrumpirme para limpiarme o esperar a que acabara.

    —Esta zorra merece su castigo, ¿no crees?

    Laura afirmó con la cabeza.

    Salí y la llevé a la cocina. Con las esposas que me quedaban até a Miriam las manos a su espalda y la volví a colocar con la cabeza en la mesa. Entonces sí, le ordene a Laura que me limpiara.

    Empezó por la frente y siguió bajando por mi cuerpo. Mi polla empalmada rebotaba una y otra vez contra su vientre. Cuando se agachó para limpiarme la zona del ombligo, mi capullo quedo prácticamente en su cara.

    —¿Tanto te gustaron mis relatos de verdad? Te confesaré una cosa, todos son reales. Únicamente cambiando los nombres.

    Laura pareció no aguantar más la sensación de mi polla dura chocando contra su cara y directamente se la metió en la boca.

    —Tengo grandes planes para ti Laurita. Deja mi polla y termina de limpiarme. Cuando acabes te vas a vestir, vas a ir a hacer una fotocopia de tus llaves de casa y las vas a dejar en mi buzón. Esta noche, cuando acabé de castigar a estas dos zorras, te haré una visita —Laura seguía con mi miembro en la boca mirándome y escuchándome atentamente— Va a ser tu primera noche como mi putita así que cuando entre te quiero en la cama, desnuda y a cuatro patas ¿entendido?

    —Sí, amo.

    Me sorprendió como me llamó. He leído muchos relatos de sumisas pero nunca esperé tener una ni que nadie me llamara amo. Sea como fuere, ya no había vuelta atrás. Laura obedeció y cuando termino de limpiarme, se vistió y se marchó.

    Desnudo por casa, me dediqué a pasar a mi ordenador las fotos que me habían hecho y espiar los móviles de las muchachas. En el móvil de mi prima no encontré mucho. La conversación con sus amigas donde planeaban mi humillación y poco más. La leí entera y observé como todo el plan había sido trazado por Marta y por Laura. El único interés de Miriam en venir era, como ella misma le reconocía a Marta, “verle la polla a tu primo”. Desde luego ya lo había intuido antes. El móvil de Miriam era más excitante. A pesar de ser la menos agraciada físicamente su móvil estaba lleno de conversaciones subidas de tono con tíos. Me cansé de contar los tíos a los que se había tirado y eché un vistazo rápido a sus últimas conversaciones. En la más reciente, le confesaba a mi prima que ayer había quedado con un ligue de una página de contactos en internet y había acabado comiéndosela dentro del coche en un parking.

    Mi intención era no entretenerme mucho con ella, dejarla marchas para centrarme en mi prima pero leyendo como contaba todos sus encuentros me calentó más aun y decidí sacar algo de provecho de esa zorrilla.

    Seguí cotilleando su teléfono hasta que al cabo de media hora empezó a dar señales de vida y mover su cabeza en la mesa. Yo con la polla dura gracias a la viagra y las conversaciones que estaba leyendo, la sujete de la melena y comencé a pegarla en la cara con mi falo a fin de despertarla.

    —Vamos, despierta, no son horas de dormir.

    Poco a poco fue abriendo los ojos hasta que vio lo que estaba haciendo y se despertó de golpe. Trató de moverse pero con los brazos atados a la espalda estuvo a punto de caerse al suelo de no ser porque la agarré yo.

    —¿Os lo habéis pasado antes bien? Ahora me toca a mí…

    —No, por favor, yo no… espera…

    —¿A qué tengo que esperar? —Dije sujetando su cabeza con ambas manos y poniéndome a un centímetro de su cara— ¿Qué crees que pasaría si me presento en el hospital con la polla así de dura? Que voy a dar positivo por viagra ¿Y si luego les enseño las fotos que me habéis sacado las tres? Que os voy a acusar de violación y os voy a joder la vida a todas.

    —Por favor, no lo hagas, no es cosa mía, fueron ellas dos ¡ellas lo penaron todo!

    —¿Y entonces tu que hacías aquí?

    Las lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Miriam.

    —Yo… No se… Vine por venir, pensé que era un juego…

    —Viniste a verme la polla zorra. Te lo he leído en el móvil. Ya la has visto y ahora te la vas a comer si no quieres que te denuncie.

    —Sí, sí, te la como pero por favor no me denuncies, no es culpa mía…

    Sujeté mi polla y se la metí en la boca. Con la mano con la que aun la sujetaba la melena comencé a menear su cabeza follándome su boca.

    —¿Esta rica mi polla? Pregunté sacando mi polla de su boca a lo que contestó afirmativamente con la cabeza— ¿No notas el sabor a Laura? Acabo de follármela a cambio de no denunciarla.

    Miriam no respondió. Bajo la mirada y se dejó follar la boca.

    —Al tío que se la comiste ayer en el coche… ¿Te tragaste su corrida?

    Mi miro y no contestó. Volví a preguntárselo acompañado de un tirón de pelo y esta vez negó con la cabeza.

    —Vaya… pues la mía si te vas a tragar.

    Le follé la boca a un ritmo terrible, provocándola arcadas y haciéndola escupir chorretones de baba. Finalmente, cuando note esa sensación previa en mi polla que anunciaba mi corrida, sujete su cabeza con más fuerza aun y me pajeé con el capullo dentro de su boca. Mi semen cayó directamente por su garganta y no saqué mi polla de su boca hasta que me hube cerciorado que ya no me quedaba más y que lo tenía todo en el estómago.

    —Vamos a hacer un trato. Tengo 31 fotos tuyas con las cuales podría denunciarte. No lo haré a cambio de 31 mamadas. Laura ha accedido, pero claro, ella solo salía en 9 ¿Qué me dices tú?

    —¿Denunciarme o 31 mamadas? Pues supongo que… lo segundo…

    —Chica lista. Te voy a soltar y te vas a ir de mi casa. No vas a decir nada a nadie ¿a qué no?

    Con la cabeza agachada dijo que no.

    La solté las esposas y sin más miramientos la llevé hacia la puerta de la calle. No la deje ni hablar y casi se podría decir que la eché a empujones. Algo me decía que ella aceptaba el trato de buena gana y que incluso estaría dispuesta a seguir con él en ese mismo momento, pero era el turno de mi prima.

    Entré a la habitación y la encontré con los ojos abiertos mirándome.

    —Espero que no me hayas dopado mucho porque ahora te voy a follar hasta que no pueda más.

    Trató de hablar pero el esparadrapo convirtió sus quejas en algo indescriptible. Me subí a la cama y me coloqué a sus pies, de rodillas, masajeando sus piernas hasta llegar a sus nalgas y separarlas para observar el precioso coñito de mi prima.

    Deslicé un dedo por él haciéndola estremecer. A continuación me agaché para pasar la lengua por él.

    —Tienes un coño muy rico primita.

    Volví a pasar la lengua por acompañada de un dedo. Poco a poco fui metiendo un dedo en su interior haciendo círculos mientras mi lengua no paraba de recorrer su vagina de arriba abajo lo cual estaba haciendo que mi prima empezara a subir su temperatura corporal y empezara a mojarse allí abajo.

    —Te estas mojando querida y estas atada ¿no era eso de degenerados?

    La masturbé con dos dedos hasta que decidí follarme. Tenía una erección considerable así que coloque mi capullo en su entrada y tras rozar un par de veces, me deje caer sobre ella.

    La atravesé el coño mientras la rodeaba con los brazos y apretaba sus enormes pechos. Meneé mi cintura haciendo que mi polla se moviera en su interior. Sorpresivamente, o no, Marta cerró los ojos y comenzó a gemir con la boca tapada.

    —¿Ves como no es tan malo que te follen así? Y mejor si es tu primo ¿no?

    No respondió con la cabeza hundida en mi almohada. Solté sus tetas para apóyame en su espalda y así penetrarla con más fuerza. A cada embestida me sentía con más y más ganas de destrozarla, en cambio la cara de placer de Marta se hacía más notoria cada vez. Estaba disfrutando como nunca.

    —Que coñito más prieto, me encanta —Dije tremendamente excitado— Te dedicaré mi próximo relato zorrita.

    Noté como mi prima contraía su vagina y me apretaba más aun mi polla incrementando mis ganas de follarla. Tiré de su pelo y seguí embistiéndola mientras la azotaba el culo y se lo ponía rojo. Arranqué el esparadrapo de su boca y la deje gemir a gusto.

    —¿A que lo estas disfrutando?

    —Shhh… si… ahhh

    —Voy a correrme dentro de ti y quiero que te corras conmigo. A ver si te atreves a contar en casa que tu primo te violó y te dejo preñada…

    Aceleré mis movimientos todo lo que pude hasta que sentí el escaso semen que me quedaba subir por el tronco de mi polla. Nuestros orgasmos se fundieron en uno cuando inundé a mi prima con mi leche y ella me lo devolvió mezclado con sus fluidos.

    Agotado tras toda la intensa mañana, me deje caer sobre la espalda de Marta que aun resoplaba tras su orgasmo. Me agarré a sus tetas nuevamente mientras la besaba por el cuello.

    —Te has metido muy bien en el papel preciosa… Tu plan ha funcionado a la perfección.

    —Ya te lo dije, mis amigas son muy putas. Ya he oído la conversación que has tenido con Miriam en la cocina. La tienes comiendo de tu mano… Bueno, de tu polla. ¿Y con Laura?

    —¿Con Laura? Me ha pedido que la haga mi puta y me ha llamado amo.

    —Joder, sabía que estaba necesitada de una buena polla, pero no tanto. No pensaba que llegaría al extremo de drogarme para poder follarte hoy mismo, cuando me dio el vaso de agua lo sospeche, pero no pensé…

    —Pues ya ves. Apunta maneras la chica. De momento esta noche la he ordenado que me espere en su casa desnuda.

    —Jeje ¿Me tengo que poner celosa? A ver si ahora que te he entregado a mis amigas vas a dejar de follar conmigo…

    —Sabes que eso nunca.

    —Pues házmelo otra vez, primito.

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