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Cosas nuevas −Vol. 2− Un GangBang para Emma

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  • Después de convertir a mi esposa de una mojigata a mi más servicial esclava sexual. Ahora me toca cumplirle una de sus fantasías. Un gangbang con un montón de extraños. Ojalá y le guste la sorpresa.

    Cosas nuevas vol. 2 

    Anteriormente les platique como mi esposa Emma descubrió mía amoríos con la secretaria. Y como me las ingenié, no sólo para recuperar su confianza; si no también para hacerla la puta que tanto quería. Después de varias sesiones en casa. De usar a mi antojo su cola, su vagina y su boca. Me dediqué a tener sexo con ella en los lugares más extraños. En el baño del súper la hice tragarse mi semen. En varios restaurantes la obligue a usar una bala vibradora a control remoto. Así, podía estimularla mientras cenaba su espagueti. Incluso, después de hacer que me mamara verga en el auto, me venía en su cara y la hacía ir a la tienda así, batida, escurriendo. Regresaba roja de vergüenza, pero con las compras. Tenía a mi esclava sexual y lo mejor es que ella. Emma siempre fue mi fantasía, incluso casado cuando me masturbaba, pensaba en ella. 

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    Cuando Carlos, mi esposo empezó a tener sexo con su secretaria. A quien siempre odie por resbalosa. Pensé que ya no se tragaba más lo de mi asistente; que lejos de ser gay, es tremendo en la cama. Pero no podía llegar a casa y decirle a mi esposo. —Mira Carlos, hoy me dieron caña por el culo y me gusto—. Se supone que yo siempre fui una chica respetable. Además, a mi esposo le faltaba imaginación. Siempre lo mismo. Un par de minutos y ya está. A dormir. Por eso cuando me sorprendió por la noche y me hizo de todo. Aunque fingía sorpresa. La verdad es que lo disfruté muchísimo. Hace tiempo que me gusta tragar leche. Y con mi asistente es casi mi desayuno diario. Así que ahora podía ir soltándome poco a poco con mi marido. Incluso pensé que sospechando lo de mi asistente, esta era su forma de castigarme.

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    En fin, una noche al salir de cenar y con la confianza adquirida. Emma me confesó que tenía una fantasía recurrente. —A veces veo porno a escondidas. Digo, desde siempre. —me confesó y ponía cara de niña regañada. —Yo pensé que si te lo platicaba me tomarías por una degenerada. Pero veo que el degenerado eres tu amor. —bueno, solo me gusta estar con la persona que amo, ¿qué tiene eso de malo?

    Pero dime, hablabas de una fantasía… —Pues, me gustan videos de gangbang o bukkakes. —me dijo mientras ponía la cara de esperar un regaño. Pero, ¡que mierda! Mi esposa, la mojigata quería un gangbang. —pues hay clubs swingers amor. —no Carlos, no soportaría toparme con alguien así en la calle, es solo una fantasía. Solo eso.

    No me iba a quedar de brazos cruzados, pero tampoco es como que decirles a los compañeros del trabajo ”hey quieren cogerse a mi esposa“ ”vengan todos al mismo tiempo y por favor terminen en su cara“ así que después de pensarlo unas semanas al salir de mi trabajo y rumbo a la estación del metro me vino una idea. Cerca del Metro estaba el hotel al que iba con mi secretaria. Y sabía muy bien que, al señor de la recepción, con unos billetes pasaba por alto todo. Así que cite a Emma cerca de ahí para cenar. Antes pase a ver al tipo del hotel. —Todo listo mi joven. Pero, ¿está seguro? —seguro no estaba, pero decidido sí. —Sí, todo estará bien. No sé si lo dije para él o me lo decía a mí mismo. Pues así cenamos en un restaurante japonés y luego le dije que le tenía una sorpresa. —¿quieres que lo hagamos en el baño? —Me pregunto con cara de preocupación mi esposa. —Nada de eso, ven vamos a un lugar especial. 

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    Cuando llegué a casa y vi una nota junto a la foto del trabajo, donde mi asistente me está abrazando. Pensé lo peor. Seguro me cita para reclamarme o pedirme el divorcio. Ahora sí estaba segura de que me había descubierto. Ni los juegos tontos de coger en lugares públicos o salir con la cara llena de semen me salvarían. Con los nervios de punta llegue al lugar donde me citó. Y pues Carlos parecía de lo más normal, pero le sudaban las manos y yo sabía que algo estaba pasando. Solo que todavía no descubría que era. 

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    Caminamos y al llegar al hotel abrí la puerta. Ella me miró extrañada. Pero sin dudar ni un segundo entro junto conmigo. El de recepción me dio la llave de la habitación en la planta baja. Cuando entramos Emma comenzó a quitarse la ropa. Pero la detuve de inmediato. —Espera! La ropa es parte esencial de tu regalo. La tome por la cintura y le lleve las manos a la espalda. Emma sabía lo que significaba y de inmediato accedió. Amarre sus manos y luego le coloque una venda en los ojos. —¿Qué me vas a hacer Carlos? —me pregunto entre risas nerviosas y traviesas. —¿yo? Yo nada amor. 

    Abrí la puerta y le di la señal al tipo de la recepción. Los tipos que vivían en la calle comenzaron a acercarse. Yo les ponía un billete cien en sus manos y nerviosos ya se sobaban la verga. —¿QUIÉN ESTÁ AHÍ CARLOS? ¿PORQUE HUELE ASÍ? —En cuanto vieron a la escultura de mujer que tenían enfrente saltaron sobre ella. Le arrancaron la ropa a tirones. Su falda le quedo en los tobillos y la blusa hecha pedazos colgaba de sus brazos. —NO CARLOS! ¡POR FAVOR NO! —Cállate ya! Es tu fantasía, te la voy a volver realidad. En total eran cinco, casi todos de unos veintitantos. Le sobaban las chichis y metían la mano en su panocha. Pero fue uno pequeño el que tomó la iniciativa. Tiró a Emma sobre la cama, boca abajo y le abrió las piernas. Se sacó la verga y luego de colocarse un preservativo la hundió en Emma, los otros miraban un poco temerosos. Y me miraban a mí. —Adelante, tómenlo como su regalo de Navidad. —HAGÜEVO! Grito otro se sacó la verga, trato de quitar al Chaparro para cogerse a mi esposa pero, el otro CABRON no cedió, seguía con desesperación usando a Emma, así que se quitó y llevó su verga hasta su boca. Emma trataba de resistir, pero el tipo persistió hasta meterle toda en la boca. Los sollozos y lágrimas de Emma eran gasolina pura, los otros tres, ya se acomodaban el preservativo para tomar su turno. Mientras el chaparro ponía los ojos en blanco. Se vino muy rápido. Creo que esto durará muy poco. Entonces otro tomó su lugar, mientras él salía sonriendo y casi brincando. Se turnaron para cogerse a Emma, uno de ellos hasta la abrazo y le dio las gracias. Emma, resignada mamaba vergas. Por supuesto, los mande bañar. Y aun así el olor resultaba horroroso. Alguien tocó la puerta. Pensé que sería el tipo de la recepción, pero cuando abrí. Mierda, el pinche chaparro entro con otros tres tipos, mayores. A diferencia de los cinco, que se habían mantenido casi en silencio. Estos entraron vociferando. —Pero mira que culo de puta! —te voy a dar por el culo perra de mierda! —¡ya vas a ver lo que es verga hija de tu pinche madre! 

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    Me llevó hasta un hotel de mala muerte, como la zona es un poco peligrosa; entre enseguida y trate de quitarme la ropa de inmediato. Pero Carlos me freno. Puso mis manos en la espalda y luego me vendo los ojos. Ya comenzaba a asustarme. Pero el verdadero horror fue el escuchar la puerta abrirse. De inmediato pude sentir la presencia de más personas en la habitación. Pensé que habría traído a sus amigos. Más de uno se me insinuaba cada que tenían oportunidad. Pero, el olor. Sus amigos, aunque son unos tarados, siempre están aseados. Y yo percibía un olor fétido, nauseabundo. Y aunque trataba de saber qué pasaba. Carlos ni se inmutaba. 

    Un montón de manos porosas invadieron mi cuerpo. Mis ropas se desgarraban y mis pechos resistían apretujones y pellizcos. Me lamían el cuello y me besaban. Al tiempo que buscaban mi sexo. Le pedí a Carlos entre el llanto que ya salía desde lo más profundo de mi ser que se detuviera. Estaba aterrada. Pero el solo me pido casi gritando. Que me callara. —Es tu fantasía y te la voy a volver realidad—me dijo, mientras alguien me aventaba sobre la cama. Me separaron las piernas y aunque yo gritaba para que me dejaran. Sentí como una verla fue entrando en mí. Y otra verga luchaba por entrar en mi boca. Atada y con los ojos vendados, no podía más que aguantar los embates furibundos, el sabor a sudor y mugre inundó mi boca. Quería vomitar, pero no tenía ni un resquicio libre. Apenas y podía respirar. En ese momento sentí como se venían dentro de mí. —Dios mío, por lo menos les puso preservativo—Pensé mientras, otro ocupaba su lugar y metía su verga de golpe hasta el fondo. Si le hubiese pedido perdón por mi aventura, tal vez esto no estuviera pasando. El olor a rancio que había en la habitación y en mi boca, estaba impregnándose en mi cuerpo. Podía sentir el sudor y la mugre de estos tipos adherirse a mí. El silencio sólo era interrumpido por los jadeos constantes de los hombres que estaban usándome como una cualquiera. Y por más que pedía que pararan. Mis suplicas eran ignoradas. Cuando escuché que tocaban la puerta. Un frío recorrió mi cuerpo. Me bastaba con esto, no quería más ”sorpresas“.

    —Tremenda puta!

    —Mira nada más que puta ricura!

    Las voces se acercaban y los gritos y las maldiciones fueron llenando la habitación. ”perra“ ”puta" me decían de todo. Más y más vergas me asaltaban, la mandíbula me dolía y no tenía descanso. El ardor en mis pezones era inaguantable. Me nalgueaban con todas sus fuerzas. Ni en mi peor pesadilla soñé esto.

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    Pude detenlo en ese momento, pero creo que si ya lo había comenzado, tendría que ir hasta el final. —Esperen que voy por más preservativos. —Ni madres, a esta puta me la cojo a pelo. Quítate de ahí mocoso. De un empujón tiro al que estaba encima de Emma y le metió los dedos, casi toda la mano. Emma a pesar de estar llorando seguía con la boca ocupada. Ahora sí debía de estarla pasando mal. Él olor a orines y tiner emanaba de estos tipos. Sus vergas sucias entraban en su boca y ella solo recibía una tras otra. Otros tantos fueron llegando, para cuando conté eran casi treinta. El más viejo organizaba a gritos. —Tu pendejo, ponte abajo. ¡Vamos darle por todos lados a esta pendeja! —Así te gusta que cojan perra! A Emma ya le estaban haciendo una doble penetración y hace rato que se turnaban para que su oca estuviese siempre llena. Ella casi inmóvil solo se limitaba a recibir todo lo que quisiera entrar, por donde fuera. Cuando entró un tipo negro, enorme. Todos se hicieron a un lado. Se bajó el pantalón y mostró una verga que casi era como del tamaño de mi brazo. —Ahora sí vas a sufrir perra! —Métesela en el culo! —Mira lo que se va a comer tu mujer, ¡pendejo! 

    Cuando entro, poco a poco en la panocha de Emma. Ella gemía, quería gritar, se retorcía de dolor. La verga en su boca ahogo sus gritos y el llanto. El negro) entraba y salía. Sus bolas rebotaban en el culo de Emma. Luego la levanto y se puso debajo de ella. —YA NO CARLOS! ¡DILES QUE PAREN! —Me dijo mi esposa mientras su culo resbalaba hasta ensartarse en esa verga grande y negra. —¡HAAAAGHH! —Caya hija de puta! Todos observaban como el negro le destrozaba el culo a Emma. Yo me acerqué al tipo mayor y le dije al oído lo que quería. —¡HEY TODOS, ESTE PENDEJO QUIERE QUE LE AVENTEMOS LA LECHE EN LA CARA A ESTA PUTA! —NO CARLOS NO! —Ahora sí nos vas a ver hija de perra! 

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    Alguien gritaba con voz gruesa, me movían y me acomodaban a su antojo. De pronto sentí como me ponía sobre uno de ellos y detrás de mí otro escupía mi ano, para dar paso a penetrarme. Ya me era imposible pronunciar palabra. Algunos incluso habían acabado en mi boca y además del olor a mugre, también se mezclaba el sabor a semen. Como no me daban tregua, no podía más que tragar lo que emanaba de sus vergas sucias. No sé cuánto eran, pero parecía una jauría de perros. Sentía como un montón de manos callosas me tocaban y me susurraban cosas al oído. —Estas bien rica güerita! —¿te gusta putita mamá vergas? —Cómetelos pendeja! Otros tantos gritaban sin miramientos. De puta barata no me bajaban. De pronto sentí como se movían. Todos salieron de mi. Aproveché para pedirle a Carlos que pararan. Ya tenía suficiente. Pero sentí como entre varios me cargaban y me colocaban sobre alguien. Mi panochita rosada y adolorida sintió la cabeza de una verga enorme, que entraba poco a poco y parecía no tener fin. Pensé que me partiría en dos. Mientras yo lloraba de dolor, todos festejaban. —¡SI LE CUPO A LA CABRONA! ——¡ESO PUTA DE CAGADA HASTA EL FONDO! 

    Sentía que me des mallaría en cualquier momento, pero volvieron los embates a mi boca. Sentía como se empujaban entre ellos para meterme su verga. Luego escuche que todos volvían a vitorear al unísono. Y de un tirón me quitaron la venda de los ojos. 

    Una multitud de vagabundos estaba al rededor mío. Y la verga enorme que seguía partiéndome en dos, era de un negro que me sonreía y besaba mi cuello. Me levanto con gran facilidad y me coloco de rodillas. —Te vamos a pintar la carita mi niña!

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    Le quitaron la venda de los ojos y Emma miraba en todas direcciones horrorizada. Más de treinta indigentes estaban usándola como una puta ramera. El negro la jalo y colocó de rodillas en medio del cuarto. Uno a uno fueron acaba o en su cara, le restregaban la verga en la cara. No paraban, seguían uno tras otro. —ahí está maldita puta tu leche! —tómala pendeja, en tu pinche cara! —sigue mamando maldita puta. 

    Los rasgos de su cara ya eran imperceptibles, la cantidad de semen era impresionante. Algunos incluso le escupían en la cara. Ella solo lloraba y resistía las descargas con los ojos y la boca sellados. Incluso el tipo de la recepción entro y se vació en su cara. Para cuando el negro estuvo a punto, todos se hicieron a un lado. Maldito hijo de puta. Parecía que le vaciaba un galón de crema encima. Los tipos que estaban en las habitaciones contiguas, también vinieron a tirar su semen en su cara. 

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    Cuando el primer tipo se acercó y me aventó su semen en la cara, creo que me orine un poco. El miedo de ver a tantos tipos esperando turno me crispó la piel, para cuando reaccioné un segundo disparo cayó en mi cara, sentí como resbalaba su semen entre mis ojos. Lo único que pude hacer fue cerrarlos y llorar en silencio. Muchos terminaban en mi cara y aprovechaban para meter su verga en mi boca unas cuantas veces más. Me escupían, me insultaban, me jalaban del cabello, y disfrutaban haciéndolo. Cuando escuché sus gritos supe que algo venía, como una bandeja da de agua, unos chorros enormes y espesos me inundaban. Pensé que seguro sería el tipo negro) y su verga enorme. Mi cabello, mi cara, mi cuerpo y sobre todo mi orgullo. Estaban ya bañados en semen de pordioseros. Poco a poco se fue vaciando la habitación. No podía ver nada. Pero escuchaba como se despedían.

    —Cuando gustes, trae a tu perra. ¡Aquí nos la cogemos!

    —Eres un pinche loco. ¡Pero gracias!

    —HEY! ¿Y mis cien pesos?

    Cuando la habitación quedo en silencio, Carlos se acercó a mí y me llevó a darme una ducha. A pesar de darme dos tres baños seguidos. Me sentía sucia. El olor estaba impregnado en mi nariz. La mandíbula me dolía muchísimo. Mis nalgas estaban rojas de tanto golpe y mis pezones no soportaban el contacto con el agua. Carlos, me miraba con una sonrisa macabra. Yo por supuesto no podía pronunciar palabra alguna. Cuando salimos, en silencio. Nos fuimos hasta la casa. En silencio. Y cenamos en silencio. Luego yo me fui a dormir, aunque la verdad no pude. Sentí como Carlos se acercaba a mí. Y su verga se posaba sobre mí mejilla. A pesar de todo lo que me había hecho pasar. Sentí el impulso de tener su verga en mi boca. Y comencé a darle unas mamadas. Mi mandíbula seguí adormecida. Pero Carlos, entraba y salía casi tan bestialmente como los indigentes. Hasta que terminó en mi boca. Yo con la lengua procure dejar bien limpia su verga y tragarme absolutamente todo. Cuando quiso seguir, para cogerme. Lo detuve y con la cabeza le indiqué que no. Creo que comprendió que estaba muy lastimada y solo se acostó junto a mí se quedó dormido abrazándome.

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    No tenía palabras para Emma, en el fondo tenía un remordimiento atroz. Pero, verla como una puta asaltada por un montón de indigentes apestosos fue un sueño. No pronunciamos palabra alguna en las siguientes horas. Después de prepararle la cena. Emma fue a dormir, las imágenes lo sucedido en ese cuarto de hotel me giraban en la cabeza. Y a pesar de que yo también me vine en su cara un par de veces en el hotel. Seguía con una excitación enorme. Fui a la habitación y solo pude poner mi verga sobre su cara. Esa cara que hace unas horas había sido transfigurada por chorros de semen. Pensé en masturbarme y acabar, una vez más. Sobre su hermoso rostro. Pero Emma despertó y busco mi brega con su boca. Parecía que era la primera vez que me la mamaba, su saliva escurría por la comisura de sus labios y me excitaba más y más. Yo estaba fornicando su boca, no podía parar. Para cuando acabe mi leche ya estaba en su garganta. Emma seguía mamando y limpiando todo rastro de semen de mi verga. Pude haber seguido por horas. Pero cuando intente más. Emma me indicó con la mirada y su cabeza. Que, por hoy, había sido suficiente. Me recosté junto a ella y me quedé dormido. 

    Al día siguiente, desperté y encontré una nota que decía. ”Perdón por lo de mi asistente, espero que ya estemos a mano“. 

    @MmamaceandoO

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